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Bombillas de bajo consumo, lo que debes saber

Bombillas de bajo consumo

- EFE

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Ahorran un 20%

Los ecologistas llevan años reclamando un uso masificado de las bombillas de bajo consumo. Todo, a priori, son ventajas: el usuario ahorra energía y dinero mientras reduce la contaminación del medioambiente, pero algunas sombras se ciernen sobre tan luminoso utensilio.

Las bombillas CFL (del inglés “Compact Flourescent Light Bulbs”) o bombillas de bajo consumo, como se las conoce habitualmente, vienen dispuestas a perpetuarse. Casi todos los gobiernos del mundo están llevando medidas para promocionar su uso en detrimento de las bombillas incandescentes tradicionales, por el ahorro energético que traen consigo.

“Si tenemos en cuenta que del consumo total del recibo de la luz, la iluminación supone de 15 a 20%, con estas lámparas se puede ahorrar en torno a 15% de esa factura al año. A más cantidad de estas lámparas, mayor ahorro energético”, afirma Benito Rodríguez, vicepresidente de ANFALUM (Asociación Española de Fabricantes de Iluminación).

Numerosos gobiernos han tomado la decisión de dar paso a esta nueva generación de lámparas, que necesitan de mucha menos energía y duran más tiempo, aunque resulten un poco más caras. También compañías como Phillips llevan años apostando por la desaparición de la bombilla tradicional.

La Unión Europea pretende implantar su uso generalizado a partir de 2011. El Ministerio de Industria, Turismo y Comercio intentó extender su uso en España mediante la campaña “Cada pequeño gesto cuenta” con escaso éxito: se entrega un cupón con la factura de la luz que debe canjearse en una oficina de correos, pero de momento sólo dos de cada diez hogares han canjeado este cupón.

Según Benito Rodríguez, la intención del Gobierno español es buena, pero un tanto simplista en su desarrollo: “Resulta complejo disponer de una logística para canjear estos cupones. Nuestra opinión ha sido siempre utilizar canales habituales de distribución de lámparas y que fuese ahí donde se canjeasen los cupones”.

Hay que cambiar todas

Aun así, la implantación de estas lámparas de ahorro sigue siendo escasa. De media, según Rodríguez, “no pasamos de dos a tres unidades por hogar, lo cual es relativamente poco en comparación con otros países. Sin embargo, la ampliación de programas de suministro de los fabricantes hace que se vean estas lámparas de forma más aceptable, especialmente por las nuevas formas y tonos de color que las hacen más atractivas de cara al usuario”.

Se puede cambiar todas las lámparas del hogar manteniendo la misma cantidad de
luz, ya que han mejorado mucho y hoy en día apenas hay diferencia lumínica. A pesar de ello, uno de los principales problemas sigue siendo que la rapidez de encendido es algo menor. La Unión Europea recomienda dividir entre cuatro los vatios de potencia de una bombilla tradicional para saber cuál es su equivalente de bajo consumo.

La invención de la bombilla incandescente tiene su origen aquel 21 de octubre de 1879, cuando el estadounidense Thomas Alva Edison la patentó. Sin embargo, el relojero alemán Heinrich Göbel ya había diseñado 30 años antes una bombilla similar, pero se olvidó patentarla. El invento revolucionó la sociedad.

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