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La talavera, un orgullo mexicano en la decoración

La talavera es una especie de cerámica que tradicionalmente se fabrica en el estado de Puebla, en México, sin embargo nació de una idea española.
Las piezas fabricadas en Puebla están hechas a mano por artesanos locales y su sello particular son los diseños y colores para su acabado.
Como simples piezas de ornato o incluso en los accesorios de cocina y decorativos,, la talavera le añade a la decoración un toque muy mexicano.
"Luego de que los conquistadores les enseñaran a los nativos cómo trabajarla, éstos empezaron a plasmar en sus piezas figuras llenas de color, lo que contrastaba con los diseños religiosos y paisajísticos que usaban los españoles para decorar principalmente las iglesias", explica a Efe Raúl Calvario, jefe de producción del Taller de Talavera Armando.
A decir de Calvario, con más de 20 años de experiencia en la materia y conocedor de toda la historia que envuelve su quehacer, es necesario diferenciar a quienes hacen obras auténticas y los que hacen imitaciones para evitar engaños a la hora de comprarlas.
"Solo en Puebla se encuentran los centros con certificación, ya que aquí inició la tradición y así ha continuado hasta la fecha", apunta con orgullo el artesano.
Casi cinco siglos más tarde, esta cerámica vidriada hecha en suelo mexicano conserva prácticamente el mismo proceso de elaboración que se instauró en la época virreinal.
Para su confección, primero se mezcla el barro natural con agua hasta que se asiente y luego se traslada a una cama de ladrillos que absorbe su humedad hasta dejarlo como una plastilina. El barro no contiene aditivos químicos y es hecho a partir de arena negra y blanca. Esta pasta se deja secar a la sombra por tres semanas.
"De ahí -relata el artesano- se extiende el barro en el suelo y se amasa con los pies para despojarlo de burbujas de aire"; después se introduce en bolsas de plástico. El amasado continúa en una plancha de concreto, donde se pulen y se van moldeando las piezas torneadas a mano, proceso que demora otras tres semanas.
Al cabo de este tiempo, se han aclarado las piezas y lo que sigue es el secado en grandes hornos, "donde se evapora la materia orgánica y las obras tienen su primer cocimiento; tarda tres horas y queda de un tono color rojizo", explica Calvario. El siguiente paso consiste en un baño de esmalte, para dar el acabado vidrioso, y una vez esmaltado se empieza a pintar. Es entonces cuando se vuelve a meter en el horno para su segundo cocimiento y se termina cristalizando a una temperatura mayor a los 1000 grados Celsius.
Los resultados, de un aspecto vítreo color blanco marfil, se exhiben luego en las estanterías de tiendas y talleres, aunque también se realizan piezas por encargo. "Es un orgullo ver cómo se mantiene la tradición porque es algo que nos representa como poblanos a nivel nacional y mundial", confiesa el artesano. Y agrega: "Es una alfarería muy bonita, aparte de que a la gente nuestra le gusta mucho hacerla".
Alfredo Torres, guía de turistas de la Secretaría de Turismo del estado de Puebla, explica que el valor real de esta artesanía se deriva de las innovaciones que hicieron los nativos al apropiarse de su creación.
"La mayólica se enriqueció aquí por los colores y las técnicas aplicadas por los indígenas que la empezaron a trabajar y pusieron su sello particular a estas maravillosas creaciones". Torres es de los guías que ofrecen visitas a diferentes talleres y narran el proceso de elaboración al turista.
Por el buen barro existente en esta entidad, y las buenas manos que se dedican a trabajarla, en talavera se hacen grandes obras de arte que se cupan para adornar interiores y exteriores, asegura el guía turístico.
Esto explica por qué el turismo nacional y extranjero al conocer esta historia se sienten atraídos por estos artículos que se solían utilizar para fachadas de casas coloniales, conventos y templos.
Actualmente, en cambio, cobran nuevos usos decorativos para el hogar en sus múltiples formas, ya sean vajillas, fruteros, lámparas, tibores, murales, vasijas, letras y números para señalizar domicilios, entre otras.
Si bien se considera que el origen de este arte surge en China, donde comenzó el vidriado de la cerámica, fue desde España, a través de la isla de Mallorca, que se dio a conocer internacionalmente, pero con el nombre de "mayólica", en alusión al territorio insular en el que se producía para entonces.
"Lo que ocurrió fue que luego, según la tradición oral, artesanos españoles de Talavera de la Reina, en Castilla, se empezaron a apropiar de este arte", señala Torres.
Estos últimos fueron los que la adoptaron y la bautizaron como "Talavera", denominación que sigue vigente en nuestros días y que en Puebla le suman su gentilicio para hacer referencia a su origen.

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