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Mansión Glenmere
Casa de descanso
La Mansión Glenmere fue contruída en 1911 como la casa de descanso del empresario Robert Goelet IV, quien comisionó su contrucción a la firma de arquitectos más prestigiosa de la época: Carrère and Hastings.
Su idea era recrear una de las villa Toscana de las que se enamoró en uno de sus viajes a Italia.
Sobre una colina
Goelet mandó construír su mansión sobre una colina con vista al Lago Glenmere, en el medio de una propiedad de miles de acres que había adquirido a principios del Siglo XX en Chester, New York.
Jardines originales
Beatrix Jones Farrand, la primera arquitecta de jardines de Estados Unidos, recibió la misión de crear los Jardines de Glenmere, de cuyo diseño original todavía se conserva la mayoría.
Mansión con 35 habitaciones
El diseño original de la Mansión Glenmere incluía 35 habitaciones con un patio central, piscina, canchas de golf y tennis, y detalles interiores dignos de un castillo, incluyendo columnas de mármol y amplias escaleras interiores y exteriores.
La mayoría de las habitaciones tiene su chimenea propia y algunos tienen terrazas con vista al Lago Glenmere o los jardines.Favorita de ricos y famosos
La Mansión Glenmere pronto se convirtió en uno de los escapes favoritos de los ricos y famosos de la primera mitad del Siglo XX, incluyendo el beisbolista de los Yankees de New York, Babe Ruth e inclusive los Duques de Windsor en sus visitas a Estados Unidos.
Este patio interno que refleja una serenidad y paz increíbles, debió haber sido uno de los lugares preferidos de las personalidades de la época.
Sede de eventos
Goelet fue el anfitrión de diversos eventos deportivos en su mansión, incluyendo competencias de hípica y carreras de patinaje en hielo sobre el lago congelado. El hijo menor de Goelet, Peter, inició las operaciones de la emisora radial WGNY-FM en 1930.
Pero las fiestas particulares en la mansión no seguirían realizándose por mucho tiempo más. La familia Goelet vendió la Mansión Glenmere durante la II Guerra Mundial a Abraham Prusoff.
Con alma de hotel
Prusoff la convirtió en un hotel, pero para 1960 el negocio empezó a declinar al grado que el Condado de Orange, donde esta la ciudad de Chester, se tomó la propiedad para cobrar los impuestos que le adeudaban los dueños.
Hotel exclusivo
En 1985, la propiedad fue adquirida por el magnate Rick Mandel en una subasta pública y finalmente en el 2007 fue adquirida por sus actuales dueños Stenberg and De Simone.
El plan: invertir casi $25 millones en su renovación para transformarla en un exclusivo hotel con 19 habitaciones. El lujo es tal, que las habitaciones tienen un costo por noche que va de los $550 hasta los $3,500.
Todo fue preservado
La Sociedad Histórica de Chester conserva fotografías y otros documentos de la mansión original que sirvieron luego para que los nuevos propietarios pudieran conservar todo tal cual estaba.
Los detalles arquitectónicos originales fueron preservados en la renovación, lo mismo que el diseño de los jardines y los alrededores para poder disfrutar las vistas del Lago Glenmere.
Detalles y más detalles
Los decoradores han cuidado los detalles de cada sala como si fuera la más importante de la Mansión. En esta, por ejemplo, puedes apreciar los sillones y butacas en contraste con el tono oscuro de las paredes, la gran lámpara que cuelga del techo, la gran biblioteca y una profusa colección de obras de arte que se complementan y destacan entre sí.
Nada librado al azar
En la Mansión Glenmere todos los detalles están a tono y se combinan entre sí en perfecta armonía. Es el caso del arreglo floral de este jarrón, cuyos colores hacen perfect match con el tapizado de los sillones y las cortinas de la sala.
Tonos muy cuidados
La decoración es clásica pero a la vez moderna, aunque todo está perfectamente cuidado y estudiado para crear un ambiente apacible y a la vez acogedor al pasajero o visitante.
Toma nota de cómo los colores se repiten en los distintos objetos de la sala en un delicado equilibrio para destacar el punto focal que aquí es la pintura.
Rincones
Toda la Mansión tiene, en diferentes espacios, sitios y rincones especialmente acondicionados para el descanso del viajero.
En este caso, se dispusieron dos butacas de un cuerpo en tonos crudos al igual que la pared. El monocromo sólo se rompe con el tono del piso y las astas colgadas como solo elemento decorativo.
Dos restaurantes
La Mansión Glenmere cuenta con dos restaurantes, The Supper Room y The China Room, en los que se sirven platos cocinados con los más finos y frescos ingredientes, muchos de los cuales son cultivados localmente.
Para brindis especiales
Además del refinado menú, tanto los restaurantes como el bar ofrecen una amplia variedad de los mejores vinos y espumantes del mundo entero.
Sin duda, ideal para satisfacer a los conocedores más exigentes.
Para huéspedes y visitantes
La buena noticia es que si quieres conocer la mansión y de paso comer allí, puedes hacerlo, ya que los dos restaurantes están abiertos para los huéspedes y para visitantes. El Champagne Brunch se sirve los domingos, de 11 am a 2 pm y la cena, de jueves a sábado a las 6 pm y 8.15 pm.
La amplia escalera que lleva a los pisos superiores ha sido restaurada como una copia fiel de la original y es realmente imponente. En su preservación, se ha conservado no sólo los materiales sino el espíritu de los diseñadores, aunque con detalles modernos como las obras de arte que le dan color.
La nueva Mansión Glenmere cuenta con 18 cuartos, cada uno decorado individualmente y una suite. Además de la comodidad que aporta el tamaño de los cuartos, todos son inmensamente acogedores en parte debido al esmero que han puesto hasta en la decoración de los detalles más pequeños.
El diseño interior de la nueva mansión estuvo a cargo de Scott Snyder, quien respetó los detalles históricos y los combinó con los sistemas más avanzados de luz y sonido de la tecnología moderna.
El mismo concepto se llevó a los baños. En todas las habitaciones fueron terminados con pisos térmicos de mármol y poseen detalles modernos en contraste con la arquitectura de principios de siglo XX aportándole calidez al conjunto.
Durante la renovación, las autoridades del Estado de Nueva York ordenaron suspender las obras por supuesta falta de los permisos requeridos y por utilizar materiales y sustancias químicas que afectaban la sobreviviencia de un tipo de sapo característico de la zona. Pero una investigación más detallada reveló que el sapo en cuestión ni siquiera habita en la propiedad. En un gesto de sarcasmo, los dueños bautizaron el bar del hotel como Frog's End Tavern.
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